La reforma hacendaria, un análisis general.

Publicado por en Domingo, septiembre 22, 2013

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“Taxes are the price we pay for a civilized society”. Oliver Wendell Holmes

Desde el inicio del gobierno de Enrique Peña Nieto, el ejecutivo federal ha seguido una estrategia de reformar sistemáticamente uno a uno de los sectores de la economía mexicana. Así, ya se han presentado propuestas de reforma para el sector financiero, el sector energético y el sector de telecomunicaciones, llegando el turno al sistema hacendario. Dado que se percibe a esta última reforma como la de mayor impacto tangible al bolsillo de las familias mexicanas, la estrategia mediática en la difusión de la misma ha sido bien pensada.

De manera general, la reforma se sustenta en permitir déficits fiscales de aquí al 2016 para poder ejecutar medidas contracíclicas, reducir y eliminar regímenes especiales que han beneficiado a un selecto grupo de empresas, aumentarle los impuestos a los cautivos y a varios productos cuya justificación tiene cierto grado de paternalismo.

Lo cierto es que las expectativas sobre la reforma fiscal del presidente contemplaban IVA a alimentos y medicinas, que por razones políticas se quitó de la propuesta oficial. Además, como todos sabemos, las reformas promovidas por el gobierno en turno prácticamente nunca se aprueban tal y como se presentaron (quizá en los tiempos del viejo PRI), por lo que esperábamos también que incluyera puntos cuyo objetivo era mera negociación política con la oposición.

La no inclusión del IVA sobre alimentos y medicinas para “no afectar a los que menos tienen” no es más que una forma cursi y adornada de decir que el costo político para el PRI fue demasiado alto. De la misma manera, el diseño del programa de Pensión “Universal”, a mi parecer, está hecho para que se modifique durante la negociación política de su aprobación, quitando el umbral de ingreso para ser elegible, por ejemplo. Sin embargo, existen varios puntos que son positivos y que creo que son un avance en la mejora del sistema fiscal en México. En términos recaudatorios se encuentra el cambio en el régimen fiscal de PEMEX, el aumento en la progresividad de ISR, la eliminación del Régimen de Consolidación Fiscal y la homologación del IVA en la frontera. En términos de gasto público y seguridad social, dos de las propuestas estrella son el seguro de desempleo y la pensión universal, y una que me parece muy acertada es la Regla de Balance Estructural.

Una causa generalmente aceptada del estancamiento de la economía mexicana en las últimas décadas es el nulo crecimiento de la productividad. Incluso se afirma que ha ido disminuyendo desde la década de los ochenta. Con un problema de informalidad tan grande como el que tenemos y 53.3 millones de personas en pobreza y 11.5 millones en pobreza extrema, según datos del Coneval, no sorprende que la propuesta de reforma fiscal del gobierno tenga un claro componente redistributivo.

Aunado a ello y a pesar de que el Gobierno Federal no lo diga en esos términos, todos sabemos que estamos al borde de una recesión. La desaceleración de la producción industrial desde mediados del año pasado y la evolución desde entonces de los índices coincidente y adelantado que publica el INEGI dan sustento a esta hipótesis. La implicación más obvia para las finanzas públicas es la disminución de la recaudación en el presente año. Además, la tendencia a la baja tanto del precio del petróleo como de la plataforma de producción, que pueden interpretarse como choques de oferta transitorios y permantentes, respectivamente, no le han ayudado al gobierno a recaudar lo suficiente como para solventar su programa de gasto en lo que resta del año.

Ésta es la razón principal por la que, en los Criterios Generales de Política Económica publicados hace unos días, se solicita un déficit para el 2013 de 0.4% del PIB. Asimismo, plantean una estrategia de déficits positivos y decrecientes del 2014 al 2016, llegando a un presupuesto balanceado en 2017. Todo ello basado en proyecciones muy optimistas sobre el crecimiento de nuestra economía, tal y como se proyectaba para este año en los CGPE del 2013.

Una de las propuestas dentro de la reforma, cuyo impacto intergeneracional es grande y debió haber existido desde hace mucho tiempo, es la regla de balance estructural. La idea básica es modificar la Ley Federal de Presupuesto y Responsabilidad Hacendaria para permitir que en épocas de bonanza exista un techo para el gasto corriente, generando ahorros que puedan ser aprovechados en el futuro y mejorando la posición fiscal de México. Esto resulta interesante si nos ponemos a pensar en la enorme bonanza petrolera que vivieron los gobiernos panistas la década pasada.

¿Qué pasó con esos excedentes y qué hubiera pasado bajo una regla de balance estructural como la que se propone actualmente? Tristemente, muchos de esos recursos extraordinarios se han ido a gasto corriente y al bolsillo de muchos burócratas en los tres niveles de gobierno.

Hablando del tema, el gobierno actual solicita un aumento en el gasto público de 520,000 millones de pesos para el año 2014. Si los programas que más se difunden de esta propuesta de reforma, el seguro de desempleo y la pensión universal, no representan más de una décima parte de ese monto, ¿en qué se piensa gastar lo restante?

Existe un riesgo latente de que el objetivo sea un programa típico priísta de gasto corriente como los que mi generación no conoció. Lo peor que nos puede pasar es que el gasto corriente que se quiere ejecutar sea financiado con deuda, adquiriendo compromisos de mediano plazo que pueden comprometer la posición fiscal de México.

Esta reforma plantea cambios de fondo, que pueden contribuir a disminuir la pobreza y la desigualdad. Sin embargo, el convencimiento de la población no debe dejar de lado la definición de objetivos claros en el uso de nuestros recursos, pues nadie quiere que sus impuestos vayan a parar al bolsillo de personas que no deben, y ejemplos sobran.

En palabras de un profesor del ITAM cercano al diseño de los CGPE: “Prefiero que no haya reforma fiscal a que lo recaudado se lo quede Deschamps o Elba Esther.”


Enrique Castro

Enrique Castro

Pasante de las licenciaturas en Economía y Matemáticas Aplicadas en el ITAM. He trabajado en la Facultad Menor de Economía del ITAM y en el Centro de Investigación Económica del ITAM. Nacido en Tapachula, Chiapas, fan del Toluca y de los videojuegos. Con intereses en Desarrollo Económico, Econometría Aplicada y Series de TIempo.

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