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Publicado por en jun 21, 2012 en Destacados, Economía | 0 comentarios

Los países emergentes y las cuotas del Fondo Monetario Internacional.

Parafraseando a cierta candidata presidencial, les invito a hacer un ejercicio imaginario.  Supongan que un día, hace ya tiempo, decidieron crear un fondo común junto con sus vecinos al cual todos pueden recurrir en caso de que tengan problemas con los ingresos que reciben sus hogares. Para crear el fondo todos aportaron un monto base, a partir del cual cada quien aportó más recursos de acuerdo a sus posibilidades en el momento de su fundación. La cantidad de recursos a los que se puede acceder depende de cuanto haya aportado uno. De igual forma, el monto de recursos que cada vecino aportó  confiere un poder de voto de la misma proporción para cualquier decisión que se tenga que tomar sobre el fondo.

Al momento de crear dicho fondo, varios de los vecinos participantes tenían más recursos que el resto, por lo que pudieron hacerse de un mayor poder de voto dentro del fondo. Aprovechando esta situación, este grupo de vecinos hizo que solamente se puedan alterar las participaciones en el fondo si este cambio es aprobado por mayoría de votos. Es decir, sólo si ellos lo aprueban es posible que un vecino aumente su participación en los recursos del fondo y con ello aumente su poder de voto dentro la organización. Pero la vida da muchas vueltas y ahora hay un nuevo grupo de vecinos que tiene más recursos de los que tenía al momento de fundarse el fondo y quiere aumentar su poder de voto en la organización.

¿De qué depende que este nuevo grupo de vecinos tenga un mayor poder de voto en  el fondo común? De la buena voluntad del grupo que actualmente tiene la mayor cantidad de votos. Esto que les acabo de describir y que parece más bien un pleito sobre como repartir la tanda del mes o las cuotas de mantenimiento del condominio es en realidad lo que ocurre en el Fondo Monetario Internacional.

En el cuadro 1 se puede apreciar que la participación de la mayor parte de los países en las cuotas del FMI (y por consecuencia su poder de voto en el organismo) no coincide con el tamaño de la economía. A primera vista es notorio que las economías emergentes tienen un poder de decisión muy limitado dentro del FMI a pesar de su creciente peso en la economía internacional. Tal es el peso de los países desarrollados dentro de la estructura de voto del FMI que incluso la suma de las participaciones del G7 (Francia, Alemania, Canada, Italia, Japón, Reino Unido y Estados Unidos) y las participaciones de Holanda, Bélgica y Suiza representan el 50% de las cuotas ( y por tanto un porcentaje muy similar de los votos) que conforman los recursos del FMI. Sin embargo, en términos reales, las economías emergentes tienen aún menos poder.

La causa de esto es que no todas las decisiones del FMI se toman por mayoría absoluta sino que hay 58 temas en los que las decisiones tienen que tomarse por mayoría calificada. Esta estructura de toma de decisiones magnifica el poder de los países desarrollados que detentan la mayoría de los votos dentro del FMI. Así por ejemplo, EE.UU. tiene poder de veto sobre 18 temas que requieren de una mayoría calificada del 85% de los votos.  Hay otros 21 temas en donde se  requiere de un 70% de los votos para poder tomar una decisión y por tanto entre EE.UU., Reino Unido, Alemania y Japón pueden ejercer poder de veto en estos temas[1].  Es en estas dos categorías en donde se encuentran temas como la revisión de las cuotas, las emisiones de Derechos Especiales de Giro, las ventas de oro y los acuerdos sobre los tipos de cambio. Es decir, son los temas de mayor importancia y los que podrían modificar la gobernanza interna de la institución.

De ahí que varios países hayan preferido dedicarse a generar mecanismos alternos (como los países del sureste asiático) en lugar de seguir luchando por ganar un mayor peso dentro del FMI. Y de ahí que cosas como elegir a un Director Ejecutivo proveniente de los países en desarrollo difícilmente vaya a darles mayor poder a estos países dentro de la institución (que era uno de los argumentos con que se llegó a promover la candidatura del Dr. Agustín Carsterns)

Sin embargo, la batalla por hacer del FMI un organismo en donde los países en desarrollo tengan una mayor voz es una batalla que debe darse. No sólo por consideraciones políticas, sino porque la integración de los países emergentes a la toma de decisiones permitiría reformar al FMI y darle un sentido de acción en la economía mundial del Siglo XXI. Las crisis de finales del siglo XX y la crisis económica más reciente mostraron que en una economía con mercados de capital globalmente integrados se requiere de un organismo internacional capaz de proveer de recursos a los países que se encuentren en problemas en sus cuentas externas y además capaz de hacerlo con la rapidez suficiente para evitar que los países sucumban a los ataques especulativos. Quizá una mayor participación de los países emergentes dentro del FMI permita transformarle en ese instrumento. No será fácil, pero la construcción de una economía internacional más estable depende de ello.

 


[1] Datos tomados de Buira, Ariel (2009) “Las tres crisis del FMI y los obstáculos para su reforma” en Navarrete, Jorge Miscelánea global. Tareas internacionales de México, México: UNAM,  pp. 291-334

 

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Luis Angel Monroy Gómez Franco

Luis Ángel Monroy Gómez Franco (@MGF91) es estudiante de economía en la Facultad de Economía de la UNAM. Sus principales áreas de interés son el desarrollo económico, la política monetaria y la macreconomía internacional (además de la macroeconomía estructuralista). Actualmente es asistente de investigación del Dr. Jaime Ros Bosch. Fue representante juvenil del Ministerio de Finanzas mexicano en la Cumbre Juvenil del G20 París 2011.

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